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¿Son realmente enemigos China y EEUU?

Jan 03, 2022

|

07:18 AM

En dicho caso, ¿por qué colabora EEUU con las armas biológicas chinas?

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Por Francisco Gil-White

Este artículo apareció originalmente en Voces Mexico (una versión inglesa de este artículo, con entrevista, se publicó en Israel News Talk Radio) y ha sido publicado aquí con autorización del autor. 

El coronavirus SARS2 (o SARS-CoV-2), asistido de su proteína spike, nos causa el padecimiento llamado COVID-19. Desciende, nos dicen, de un coronavirus de murciélago. Y según la hipótesis del lab leak (en su versión más sonada), el SARS2 escapó del Instituto de Virología de Wuhan (China), emplazado a escasos kilómetros de los primeros casos registrados de COVID.

¿Qué hacen en aquel laboratorio?

Aplican gain of function o GOF­ (‘ganancia de función’ o ‘aumento de función’) a virus de murciélago tipo SARS. Es decir que toman virus SARS y, según la definición de GOF del gobierno estadounidense, “mejoran las habilidades [del virus] para causar enfermedad” a los humanos.

Tal cual.

A la postre del cotejo de evidencia publicado por Nicholas Wade en el Bulletin of the Atomic Scientists (mayo 2021), como antes expuse, ya nadie se burla del lab leak. Y, motivados por esta hipótesis, un tropel de investigadores ha escarbado una multitud de datos.

Un dato anómalo, empero, no ha recibido la atención que merece: en el laboratorio de Wuhan las investigaciones GOF con virus tipo SARS se han venido haciendo con financiamiento y colaboración científica del gobierno de Estados Unidos.

Tal cual.

Esto nos exige preguntar: ¿Cuál es la verdadera relación entre las élites de poder en China y Estados Unidos?

El dato anómalo

El meollo del asunto lo comunicó el senador Rand Paul, bastante enojado, en una audiencia del senado

“Varios virus que en la naturaleza sólo infectan animales fueron manipulados en el laboratorio de Wuhan para que adquirieran ‘ganancia de función’ y así poder infectar a los humanos. (…) El Dr. Richard Ebright, un biólogo molecular de [la Universidad] Rutgers, describió así estas investigaciones:

‘El laboratorio de Wuhan utilizó fondos de los NIH para construir novedosos virus SARS, tipo quimera, capaces de infectar células humanas. (…) Son investigaciones de alto riesgo para crear patógenos nuevos de potencial pandémico—patógenos de potencial pandémico que solo existen en el laboratorio y no en la naturaleza—.’ ”

¿Cuál es la anomalía? ¿Que estén ‘aumentado’ virus en el laboratorio de Wuhan? No, eso es la cosa más normal. Porque “el WIV [Instituto de Virología de Wuhan],” según afirma un documento público del State Department en Estados Unidos, “ha colaborado en publicaciones y proyectos secretos … con los militares chinos,” y los militares chinos, como añade (sin necesidad) el mismo documento, han venido desarrollando armas biológicas.

No, la anomalía es ésta: para ‘aumentar’ virus tipo SARS, “el laboratorio de Wuhan utilizó fondos de los NIH,” es decir, de los National Institutes of Health (Institutos Nacionales de Salud). O sea, es decir (en otras palabras), del gobierno de Estados Unidos.

Los NIH están total e íntimamente involucrados.

El Washington Post menciona (de pasada) que “el laboratorio de Wuhan tiene lazos fuertes con el Galveston National Laboratory del University of Texas Medical Branch.” Galveston, centrado en el tema de guerra biológica, es un laboratorio de los NIH—o sea, del gobierno de Estados Unidos—.

Éste es un drama político de primer orden. Pues las declaraciones de Rand Paul—hechas, para el registro histórico, en el Senado de los Estados Unidos—fueron un preámbulo al interrogatorio, totalmente público y oficial, que aplicó el mismo Rand Paul al Dr. Anthony Fauci, funcionario responsable de la respuesta estadounidense a la pandemia de COVID.

¿Por qué a Fauci? Porque Fauci es también el funcionario responsable de aprobar fondos de los NIH para ‘aumentar’ virus SARS de murciélago en el laboratorio de Wuhan.

Tal cual.

Paul quiere saber: ¿Por qué demonios está el gobierno de EEUU ‘aumentando’ virus peligrosos para los chinos? ¿No se supone que EEUU y China son enemigos?

¿Pero no eran investigaciones médicas?

Fauci y sus colegas del NIH se defienden afirmando que esto nada tiene de malo porque no son investigaciones militares sino de salud pública. Según explica oficialmente su gobierno, se busca

“definir la naturaleza fundamental de las interacciones humano-patógeno para evaluar mejor el potencial pandémico de los agentes infecciosos emergentes, informar los esfuerzos públicos de preparación y salud, y avanzar el desarrollo de respuestas médicas.”

Eso suena bien. Pero Rand Paul citó al biólogo molecular Richard Ebright diciendo:

“El laboratorio de Wuhan utilizó fondos de los NIH para construir novedosos virus SARS, tipo quimera, capaces de infectar células humanas. Son investigaciones de alto riesgo para crear patógenos nuevos de potencial pandémico … que sólo existen en el laboratorio …” (énfasis mío)

Cabe preguntarse: ¿Cómo contribuye a mejorar la salud pública eso de inventar en laboratorio novedosas quimeras virales que pueden causarnos pandemias? ¿No sería ésa la definición misma de dañar la salud pública? Nos dicen que no:

“el Dr. Thomas Briese, [de] Columbia University …, [explica que] las investigaciones GOF [gain of function] realizadas en laboratorio son parte de un enfoque ‘proactivo’ para entender qué va a suceder a la larga en la naturaleza.”

O sea que un virus es ‘aumentado’—hecho más virulento y letal—para adelantarse a su evolución futura y así estar listos cuando el virus, en el ambiente, por la vía natural, evolucione el diseño que ya se produjo (y ya se entiende) en el laboratorio.

¿Tiene sentido?

En principio, sí. ‘Aumentar’ un virus en el margen de su ‘diseño salvaje’ (el que tiene previo a ser manipulado en laboratorio) puede servir para investigar sus posibles futuros naturalmente evolutivos.

Pero Rand Paul mencionó la creación de virus quimera. Un virus quimera es “un microorganismo híbrido nuevo creado por la unión de fragmentos de ácido nucleico pertenecientes a dos o más microorganismos diferentes.” Eso ya no está en el margen del diseño salvaje—representa un salto en diseño y también letalidad—.

¿Sirve para fines médicos? ¿Acaso una quimera puede también suceder naturalmente?

En principio, sí. Según el biólogo evolutivo Alexandre Hassanin, virus de distintas especies en ocasiones intercambian material genético. Pero, “para que ocurra la recombinación, los dos virus divergentes deben haber infectado al mismo organismo simultáneamente” (énfasis mío). Es bastante menos probable, por ende, que ocurra naturalmente justo la recombinación correspondiente a una quimera de laboratorio.

Las quimeras de laboratorio, luego entonces, son menos útiles para fines médicos, y más útiles, según explican virólogos de MIT, para el desarrollo de armas biológicas. Sin duda por eso los soviéticos, en su “programa gigante de armas biológicas,” tenían “dos proyectos quimera,” según reveló el desertor soviético Ken Alibek (Kanatjan Alibekov), otrora subdirector del programa soviético de bioguerra.

Pero todo el GOF—no solo la creación de virus quimera—representa ‘tecnología de doble uso’ con aplicaciones civiles y también militares. Entonces…

¿Son investigaciones militares?

Cualquier patógeno aumentado—quimera o no—puede servir para atacar deliberadamente a una población humana. Por lo cual sería necio insistir demasiado en que las investigaciones GOF fondeadas por los NIH son exclusivamente médicas.

Después de todo, el Galveston National Laboratory de los NIH está centrado en guerra biológica. Y los militares gringos también han estado desarrollando armas biológicas.

El programa estadounidense es alarmante. Llamados a comparecer en el Congreso en 1975-77, los militares gringos confesaron que habían hecho cientos de pruebas secretas usando a sus civiles como conejillos de indias, liberando sobre docenas de ciudades—millones de personas—patógenos de laboratorio.

Tal cual.

Aquellos experimentos secretos se hicieron como parte de un programa ofensivo de investigaciones de bioguerra iniciado en 1949 y supuestamente abolido por el presidente Richard Nixon en 1969, tras lo cual, prometió Nixon, se harían estudios puramente defensivos. Pero hay dos problemas con esto.

Primero, como han dicho los propios militares, no hay manera de separar estudios ofensivos y defensivos de bioguerra.[1] Segundo, las pruebas secretas sobre la población en realidad continuaron, como después fue documentado.[2] Siendo así, cabe sospechar que algunas investigaciones de guerra biológica ofensiva hayan sido disfrazadas de ciencia médica.

Llama la atención, por citar un ejemplo, el paper científico—hecho en colaboración con Zhengli-Li Shi del Instituto de Virología de Wuhan—donde se reportó la creación de un virus quimera tipo SARS con proteína spike. Dicho trabajo se hizo no sólo con fondos del NIH, sino con el apoyo de USAMRIID (United States Army Medical Research Institute of Infectious Diseases): el Instituto Médico de Investigaciones sobre Enfermedades Infecciosas del Ejército Estadounidense.

¿Qué es USAMRIID? Es el órgano que, cuando Nixon hizo la finta de abolir el programa de armas biológicas, recontrató a todo el personal que había estado creando dichas armas.[3]

Estas investigaciones son demasiado peligrosas

Aun suprimiendo todo el contexto militar, otorgando así a Anthony Fauci—con total caridad—su justificación de la utilidad médica única y suprema de todas estas investigaciones, habría que preguntar si los riesgos no pesan más que los beneficios. Pues un virus ‘aumentado’ en laboratorio, si escapa, puede causar la pandemia que su creación pretendía evitar.

Y no es un peligro menor, porque no son tan seguros los laboratorios. Ni siquiera los (presuntamente disciplinados) laboratorios militares. Ni siquiera USAMRIID.

En 2019 los Centers for Disease Control o CDC (Centros para Control de Enfermedades) ordenaron la suspensión de actividades en USAMRIID porque vieron que no estaban teniendo suficiente cuidado. Afirmaron que no se había escapado nada, pero no dieron más información por “ ‘razones de seguridad nacional.’ ”

En otros casos sí se han documentado escapes. “El virus causante de la viruela”—que puede alcanzar una mortalidad del 30% y nos ha causado, históricamente, millones de muertes—“escapó 3 veces de laboratorios ingleses,” causando algunas bajas, “en los años 1960 y 70,” según reporta Nicholas Wade.

Lejos de ser el caso único,

“Virus peligrosos han escapado de los laboratorios casi cada año desde entonces. En tiempos más recientes, el SARS1 se ha lucido cual gran escapista, colándose de laboratorios en Singapur, Taiwan, y no menos de tres veces del Instituto Nacional de Virología en Pekín [China].”

Y no por estar en pandemia se ve que haya mejorado la seguridad. Hace apenas unos días, según reporta Newsweek,

“un trabajador de limpia encontró pequeños contenedores de vidrio con etiquetas que decían ‘viruela’ … en una instalación propiedad de la compañía farmacéutica Merck … en un congelador.”

Los CDC investigan el caso, pero ya tampoco inspiran demasiada confianza.

En 2014, 75 científicos de los CDC fueron accidentalmente expuestos a ántrax. Y algunas semanas después, en la Food and Drug Administration o FDA (Administración de Medicamentos y Alimentos), unos empleados encontraron 16 tubos olvidados llenos de viruela que habían sido almacenados, como en Merck, sin cuidado alguno y luego olvidados.

Pero, sean cuales sean los riesgos, ¡se colabora con China!

Fue justo por aquellos descuidos en los CDC y la FDA que se prohibieron los estudios GOF en el mismo año de 2014, pues preocupaba que un virus aumentado también escapara. The Scientist reportó que

“el gobierno [EEUU] … está suspendiendo el financiamiento de investigaciones de ganancia de función ‘que pudieran conferir funciones a los virus de influenza, SARS, y MERS para aumentar su patogenicidad y/o transmisibilidad …’ ”

Es por ende asombroso que, muy a pesar de aquella suspensión de 2014, Anthony Fauci aprobara la continuación del estudio GOF arriba mencionado (publicado en 2015), cuyo primer autor es Vineet D. Menachery del Galveston National Laboratory. Aquel estudio, para crear un virus quimera tipo SARS con proteína spike, se hizo en colaboración con Zhengli-Li Shi del Instituto de Virología de Wuhan, sospechada por muchos de originar el coronavirus SARS2, causante del COVID-19.

¿Por qué tenía esta prioridad—tan alta que aplanaba cualquier directiva en contra—crear virus quimera tipo SARS con proteína spike? Esta pregunta exige una respuesta.

Pero la que de momento nos ocupa es otra: ¿Por qué se desarrolló semejante virus en colaboración con un laboratorio donde, según el propio State Department, los militares chinos desarrollan armas biológicas?

¿Qué no eran enemigos EEUU y China?

Esta anomalía, en el contexto de la representación mediática, brilla tanto que lastima.

La realidad según los medios: confrontación militar total

Casi todo lo que creemos entender sobre el mundo, y en especial sobre las relaciones internacionales, nos llega a través de los medios, pues no tenemos acceso directo a prácticamente nada. Luego entonces, lo que llevamos todos en la cabeza—la narrativa dominante—es un modelo del mundo parido en el performance mediático del discurso público.

Dicha narrativa salta a la vista consultando cualquier medio masivo occidental (unos menos pro gringos, otros más anti chinos); o bien consultando un medio masivo chino (unos más anti gringos; otros menos pro chinos); o bien escarbando en las publicaciones académicas; o bien escuchando las declaraciones oficiales de ambos gobiernos. Pues, no obstante una variedad de sesgos y las ostentadas diferencias ideológicas, la representación que hacen todos de la relación en sí es perfectamente unánime: se ha venido tensando como cuerda de violín.

Presento evidencia reciente.

En octubre 2021, Newsweek reportó sobre dos pruebas chinas de misiles nucleares hipersónicos, esos que “impulsan a las armas a una órbita terrestre baja, guiándolas por una trayectoria impredecible antes de azotar contra sus blancos.” El misil da la vuelta al mundo antes de estrellarse. Dejó azorados, dice Newsweek, a los expertos del gobierno estadounidense, y uno de ellos afirmó que el logro de los chinos parecía “ ‘desafiar las leyes de la física.’ ”

Así en octubre. Luego, empezando noviembre, el encabezado del Washington Post: “China acelera la expansión de sus armas nucleares.”

¿Por qué la prisa? Porque, comenta el Post, ha sido “un año tenso” para las relaciones sinoestadounidenses. Bajo el anterior presidente Donald Trump, nos cuenta, “funcionarios chinos y estadounidenses sostuvieron conversaciones inusuales con el fin de evitar un derramamiento de sangre.”

Ah caray.

El jefe de todas las fuerzas armadas gringas, dice aquella historia, cogió el teléfono—por su cuenta, sin pedir permiso—y marcó a los chinos para asegurarles que Trump no tenía intenciones de atacar su país. Pero temblaron tanto los chinos, nos dicen, que pasado el susto ahora quieren “por lo menos 1000 ojivas nucleares para el 2030,” según afirma un reporte militar del Pentágono recién entregado al Congreso.

Tronó al día siguiente la respuesta oficial de Pekín, explayada en el encabezado de Newsweek: “Luego del reporte militar estadounidense, China dice que EEUU acerca al mundo a una guerra nuclear.”

Apareció entonces, a mediados de mes, un desfile de altos mandos militares estadounidenses y de expertos académicos en el Financial Review (Australia), expresando opiniones variopintas sobre las intenciones de Pekín pero todos muy de acuerdo sobre esto: la cosa está que arde.

Al día siguiente, al general John Hyten, vicepresidente del Estado Mayor Conjunto (Joint Chiefs of Staff) de EEUU, dijo, según titulares de FOX News y New York Post, que China pronto podría lanzar un ataque nuclear sorpresa.

La respuesta de Pekín: “China acusa a EEUU de alimentar un ‘pánico’ de guerra nuclear,” reza el encabezado de Newsweek (21 de noviembre) que transmite lo declarado en Global Times, órgano del gobierno chino.

El consejo editorial de Global Times afirmó:

“Existe una posibilidad seria de guerra en el estrecho de Taiwan, y EEUU ha indicado en varias ocasiones que podría intervenir militarmente. Según las predicciones de varios análisis publicados recientemente sobre el conflicto sinoestadounidense, EEUU sería el primero en lanzar un ataque nuclear sobre China.”

Nos lo han dibujado muy claro: China ha usurpado el papel antes lucido por la URSS en la narrativa del escenario geopolítico mundial: es el gran rival totalitario de EEUU: el enemigo existencial con quien, nos dicen, pudiera estallar una guerra nuclear de aniquilación mutua. Esto lo afirman los medios, los académicos, y ambos gobiernos.

Pero esto es imposible

Si aceptamos este modelo de confrontación total entre los gobiernos de EEUU y China, ¿cómo entonces vamos a explicar que EEUU haya estado asistiendo el desarrollo chino de armas biológicas, mismas que son—como las nucleares—de destrucción masiva? Es una perfecta anomalía.

Siendo muy francos, es imposible.

Cuando un dato bien documentado, bajo tu modelo del Universo, es imposible, el problema está en tu modelo. Porque el Universo no puede equivocarse—es el Universo y ya—; sólo nuestras teorías pueden equivocarse.

Un dato que en la hipótesis bajo consideración es imposible lo llamo un dato dramático, y lo considero supremamente útil. Pues permite de una vez descartar dicha hipótesis. Y eso es bueno, porque no puede avanzarse en la ciencia salvo descartando hipótesis equivocadas.

Luego de toparte con un dato dramático, te urge un modelo alternativo. En nuestro caso, dicho modelo alternativo deberá dar sentido, simultáneamente, a lo ya documentado:

  1. que todas nuestras fuentes de autoridad representan a EEUU y China como enemigos existenciales al borde de una guerra nuclear; y
  2. que EEUU ha venido dotando a China de armas biológicas de destrucción masiva.

El nuevo modelo deberá decirnos cuál es la verdadera relación entre los gobiernos de EEUU y China, y cuál es la estructura del sistema de medios.

En mi siguiente entrega, propondré un modelo.

NOTAS:

[1] Leonard Cole explica que “La historia oficial del ejército sobre Fort Detrick,” donde EEUU creó el complejo para investigaciones de guerra biológica, “indicó que ‘la investigación y desarrollo en los aspectos ofensivos de guerra biológica avanzan de la mano con los desarrollos defensivos porque, en realidad, uno y otro son inseparables.’ El ejército probablemente desea que esta cláusula jamás fuera publicada, pues la posición del gobierno es que ahora EEUU está dedicado exclusivamente a investigaciones defensivas.”

Cole, L. A. (1990). Clouds of Secrecy: The Army’s Germ Warfare Tests Over Populated Areas. United Kingdom: Rowman & Littlefield. (p.33)

[2] Consultar el subtítulo, ‘La veda estadounidense contra el desarrollo de armas biológicas: ¿fue real?’, en el siguiente artículo:

“LAB LEAK, segunda parte: COVID, armas biológicas, China, y Estados Unidos”; Voces; 13 Octubre 2021; por Francisco Gil-White
https://vocesmexico.com/opinion/lab-leak-segunda-parte-covid-armas-biologicas-china-y-estados-unidos/

[3] El paper científico citado en el texto, para explicar el origen de sus materiales, contiene la siguiente oración:

“[Los virus] tipo salvaje SARS-CoV (Urbani), SARS-CoV (MA15) adaptado a ratones, y los quiméricos CoVs tipo SARS fueron cultivados en celdas Vero E6 (obtenidas del United States Army Medical Research Institute of Infectious Diseases [USAMRIID]).”

USAMRIID, en Fort Detrick (Maryland), es un laboratorio militar de máxima seguridad (BSL-4). ¿Quién trabaja ahí? Según explica Wikipedia, los mismos científicos que desarrollaban armas biológicas en los US Army BWL (Biological Warfare Laboratories – Laboratorios Biológicos del Ejército Estadounidense). Pues, luego de que los BWL fueran ‘disueltos’ en 1969, USAMRIID los recontrató.

El Dr. Leonard Cole (Rutgers New Jersey Medical School), experto en esta historia, explica que en 1969, cuando el presidente Richard Nixon declaró extinto el programa de guerra biológica,

“ya se estaba construyendo en [Fort] Detrick un complejo enorme para albergar investigaciones médicas asociadas a la guerra biológica. Esta estructura gigante fue terminada en 1971 y se volvió el hogar del United States Army Medical Research Institute of Infectious Diseases (USAMRIID). Se ha convertido en el principal sitio en la base [de Fort Detrick] para las investigaciones de guerra biológica, que continúan.” (p.35)

Cole, L. A. (1990). Clouds of Secrecy: The Army’s Germ Warfare Tests Over Populated Areas. United Kingdom: Rowman & Littlefield.

 

Francisco Gil-White, antropólogo político, es uno de los investigadores más citados del ITAM (Instituto Tecnológico Autónomo de México). Ha escrito para VOCES otros artículos sobre la pandemia de coronavirus: LAB LEAK, segunda parte: COVID, armas biológicas, China, y Estados Unidos, Coronavirus SARS2: ¿De dónde vino? ¿Y qué nos depara?, Coronavirus: ¿Y la pandemia social?, COVID-19 y la controversia sobre el dióxido de cloro, La Gran Pelea del Covid: burócratas de salud vs. doctores

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